martes, 1 de abril de 2014

Insane (III)

Se ha perdido para siempre. Es horrible. Se ha perdido en el mismo mar donde yo me bañaba. No he podido hacer nada. Es horrible, Dios mío, es horrible. Cuando lo he visto y me he dado cuenta era tarde, ya estaba dentro, le he chillado pero no se ha dado la vuelta, no me ha oído o puede que no quisiera escucharme, le chillaba y él sin embargo seguía metiéndose  para dentro sin miedo, no ha retrocedido ante las olas, así que me he tirado de cabeza, me he adentrado tras él hasta que he podido. La corriente era tan fuerte que he tenido miedo de perderme también. En el último instante el amarre me ha retenido e impedido que me hundiera antes de poder siquiera acercarme un poco. Se ha hundido tan rápido. Se ha ido para siempre. Y no he podido hacer nada para impedirlo. Dios. 

O tal vez no lo intenté lo suficiente. Supe que aquel mar lo tentaba y no hice nada para alejarlo de allí. Y de no conseguir alejarlo, podría al menos haberlo amarrado a él también en la orilla. Noté que el brillo en sus ojos cambiaba y no hice nada. Sus palabras se tornaron inconexas y yo me tapé los oídos. Y un día la pena le hizo reír, la insignificancia llorar y se puso a recrearse en la inmundicia, y yo pillé y me alejé. Sabía que aquel mar lo llamaba y me fui. Lo dejé solo. Y ahora es tarde, ni siquiera he logrado rozar su mano, se ha perdido para siempre en la inmensidad del mar de la insania.


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